Recientemente, nos hemos alegrado al leer un reportaje del diario francés Le Monde, que cuenta como Dolce & Gabbana abrió hace siete años una escuela para profesionales de la costura. Pensamos que es una buena noticia para todo el sector.

Se trata de una formación de dos años a jornada completa que tiene lugar íntegramente en los talleres de la marca, con el acompañamiento de los trabajadores de la firma italiana. Desde su apertura en 2012, la “Botteghe di mestiere”, o la “fábrica de artesanos”, ha enseñado a más de un centenar de personas las técnicas de base de la fabricación indumentaria artesanal (patronaje, corte, costura,…) y ha ofrecido una experiencia inmersiva completa en la vida de un taller dedicado a la confección.

El País publicó también un artículo sobre esta escuela, en marzo, en el cual apunta que fue en enero 2019 que D&G desveló su proyecto formativo por primera vez, al Il Corriere della Sera.

Es alentador ver a una marca tan influyente centrarse de nuevo en el saber hacer de este noble oficio que consiste en vestir a los demás. Es cierto que casas históricas como Hermès o Brioni ejercen este trabajo de enseñanza desde hace mucho tiempo, porque fueron fundadas desde el inicio sobre este arte ancestral manual preciso (trabajo de la piel de lujo para Hermès, sastrería de alto nivel para Brioni).

El caso de D&G es muy diferente, porque no se trata de una vuelta pero de una ida a los orígenes de una marca fundada en los años 80 por dos diseñadores y que se ha convertido en un mastodonte de la moda que hace pagar muy cara una imagen sin mucha relación con la calidad de fabricación. Y la ironía es que cuando una marca trata de encontrar trabajadores en la industria de la confección, y no en la industria de la moda, en su país de origen, Italia, estos son demasiado escasos o simplemente ya no existen porque fueron eliminados por la ola de la moda.

De allí la necesidad de impulsar de nuevo formaciones pero también, y quizá sobre todo, vocaciones. Es otro punto muy interesante de este artículo: el recorrido de la mayoría de las personas que se inscriben en este mentoraje de la firma italiana. Muchos de sus estudiantes pasaron primero por una escuela de diseño de moda y se lanzaron DESPUÉS a la aventura del aprendizaje de las técnicas manuales en los talleres de D&G. Antes de convertirse en gurús del estilo, prefirieron empezar su carrera con más modestia y más concretamente, con tijeras, hilo y aguja.

Para concluir, podemos reconocer cierta generosidad por parte de Domenico Dolce et Stefano Gabbana. Aunque desafortunadamente el artículo no comenta el aspecto económico del aprendizaje y no deja saber si es de pago, los dueños de la marca italiana abren sus puertas y ofrecen su pericia a obreros cualificados quienes, en 40% de los casos, trabajarán en otra empresa después de acabar la escuela, lo que se podría considerar un refuerzo directo de la competencia.

Pues aquí tenemos un excelente ejemplo que demuestra que es preferible contribuir al brote de un entorno propicio a todo el sector al que uno pertenece, en vez de blindar su propio negocio. Es la típica iniciativa que puede ayudar a reanimar todo el textil italiano de calidad, del que Dolce&Gabbana se beneficiará también, por supuesto.